opinión

Las inconmesurables tragaderas de la consejera Casado y de su mentor el vicepresidente Igea

igea

Alfonso Fernández Mañueco, sorprendía a propios y extraños anunciando que el PP iba a apoyar la proposición socialista que pedía la retirada del llamado Plan Aliste.

Pedro Vicente | 07/09/2021 - 19:52h.

Desde que en la tarde del lunes el presidente de la Junta, Alfonso Fernández Mañueco, sorprendía a propios y extraños anunciando que el PP iba a apoyar la proposición socialista que pedía la retirada del llamado Plan Aliste, muchos daban por descontado que la consejera de Sanidad, Verónica Casado, estaba abocada a dimitir.

Era la única salida honrosa ante lo que conllevaba dicho anuncio: la desautorización presidencial en toda regla de la de la reforma de la atención primaria que se han obstinado en imponer la consejera y su mentor, el vicepresidente Francisco Igea.
Por su fuera poco, Ciudadanos, el socio de gobierno que en su día propuso el nombramiento de Casado, trataba de salir del trance a través de una enmienda que admitía la retirada de dicho Plan, con lo cual el grupo parlamentario naranja secundaba de facto dicha desautorización. A la consejera no le quedaba otro apoyo que el de su mentor, plenamente corresponsable, por no decir verdadero inspirador, de la nefasta gestión sanitaria de la Junta. Sobre esto último no ha podido ser más expresivo el titular colgado por "El Norte de Castilla" en su edición digital: "El PP de Mañueco vota con el PSOE para retirar la reforma sanitaria de Igea".
Y aquí radica la explicación de las humillantes tragaderas de Verónica Casado. Como siameses que han sido desde que llegaron a sus cargos, si la consejera se iba, el vicepresidente-mentor estaba política y moralmente obligado a irse con ella. Y eso sí que no, es más fácil que el papa Francisco se declare ateo que su tocayo Igea renuncie voluntariamente a sus cargos en la Junta.
De forma que en el hipotético supuesto de que a Casado se le hubiera pasado por la cabeza dimitir, su mentor le ha recordado su condición de siameses. Ante lo que ambos han optado por no darse por enterados de una clamorosa desautorización presidencial equivalente a mostrarles la puerta de salida. A estas alturas de Legislatura, Mañueco no está dispuesto a que la contumaz gestión sanitaria de la Junta le ocasione más desgaste al PP, y menos si proviene de una consejera y un vicepresidente políticamente amortizados que no cuentan ni siquiera con el respaldo orgánico del partido socio de gobierno. (Que nadie se engañe: aunque hayan votado diferente -Ciudadanos se abstuvo al no admitir el PSOE su enmienda- no ha habido ni hay crisis entre ambos socios, sino un insólito pulso entre el presidente y dos miembros de su gobierno).
Buena muestra de ello es lo afirmado por Igea sobre el respaldo del PP a la proposición socialista que tumba el Plan Aliste, según él una iniciativa "llena de premisas falsas". Mientras Mañueco se reunía al término de la sesión parlamentaria con el socialista Luis Tudanca confirmando el compromiso de negociar con el PSOE un pacto sanitario conforme a la proposición, el vicepresidente afirmaba que "es un error político pactar con el PSOE más sanchista". Se presagian días de emociones fuertes.

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