Una investigadora de la UOC crea un nuevo marco de desarrollo de juegos educativos digitales que une psicología, neurociencia y diseño para crear experiencias de aprendizaje significativas. La mayoría de los juegos descuidan las dimensiones emocionales y sociales del aprendizaje, lo que limita su capacidad para implicar al estudiante
Los videojuegos se han consolidado como recursos educativos valiosos. A través de la combinación de entornos interactivos con objetivos de aprendizaje pedagógicos, han demostrado ser una herramienta efectiva en múltiples ámbitos, desde la educación escolar hasta la formación corporativa. Sin embargo, su adopción plena en la educación formal sigue limitada por la falta de integración curricular y de estrategias claras para incorporarlos en los programas educativos, la carencia de formación docente específica y la escasez de recursos tecnológicos y técnicos. Pero hay una barrera que pasa a menudo desapercibida: la mayoría de los juegos descuidan las dimensiones emocionales y sociales del aprendizaje, lo que limita su capacidad para implicar al estudiante.
Con estos desafíos en mente, la investigadora Raluca Ionela Maxim, estudiante de doctorado en el programa de Tecnologías de la Información y de Redes de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), ha desarrollado un nuevo enfoque de trabajo: el Empathic Design Thinking Framework (EDTF). Bajo la dirección de Joan Arnedo, investigador del Grupo de Investigación en Aprendizajes, Medios y Entretenimiento (GAME) y profesor de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación, la investigadora propone un marco estructurado en 10 fases que guía el desarrollo de juegos educativos centrados en el usuario, emocionalmente atractivos y pedagógicamente sólidos, traduciendo los principios del pensamiento empático en acciones concretas y alineando las dimensiones pedagógicas, técnicas y emocionales del diseño de juegos.
"La idea es apoyar una transición desde los modelos educativos tradicionales hacia experiencias más útiles y motivadoras, como juegos que realmente conecten con los estudiantes", señala Raluca Ionela Maxim. "Estos juegos pueden ayudar a desarrollar habilidades cognitivas y hacer que el aprendizaje sea más significativo al combinar teoría y práctica de una forma divertida y motivadora, donde las recompensas y los desafíos alimenten tanto la motivación intrínseca como la extrínseca para aprender y aplicar el conocimiento en la vida real".
La empatía, en el centro del diseño de videojuegos educativos
La empatía es la capacidad que tiene una persona de comprender las emociones y los sentimientos de los demás, de ponerse en la piel del otro para experimentar el mundo bajo su punto de vista. Aplicada al diseño de videojuegos educativos, la empatía empieza por comprender cómo los jugadores o estudiantes sienten, piensan y actúan para poder tomar decisiones de diseño que se perciban como naturales y motivadoras para el jugador. Esta empatía también se integra en las historias, los elementos visuales y las interacciones, que deben reflejar la realidad y las emociones del estudiante para que este conecte de verdad con la experiencia.
"En el Empathic Design Thinking Framework quise ir más allá. El pensamiento empático deja de ser solo observar a los usuarios: se convierte en una forma estructurada de comprender los aspectos cognitivos, emocionales y motivacionales de las personas", apunta la investigadora, adscrita al centro UOC-TRÀNSIC. "El EDTF ayuda a los equipos a pasar de diseñar basándose en suposiciones a diseñar basándose en la experiencia humana real. Tiende un puente entre la psicología, la neurociencia (y cómo el cerebro funciona en términos de percepción, memoria o atención), y el diseño, convirtiendo la empatía en una herramienta práctica para crear experiencias de aprendizaje significativas, efectivas y humanas", añade.
10 pasos para diseñar juegos educativos más efectivos
El Empathic Design Thinking Framework (EDTF), publicado en abierto en la revista Information, no se limita a preguntar qué juego debería desarrollarse, sino que se centra en cómo hacer que el estudiante sienta, piense y se conecte mientras aprende. Este marco de trabajo está estructurado en 10 fases que guían el desarrollo de juegos educativos centrados en el usuario, emocionalmente atractivos y pedagógicamente sólidos: